viernes, 17 de mayo de 2013

LA TOCA DE LA CORONA Y MIRELES




El 21 de Marzo de 1942, El Heraldo de Zamora publicaba un reportaje escrito por Francisco Alfonso Merchán titulado El barrio de “LA LANA” dentro de una serie de reportajes titulada “LOS BARRIOS DE ZAMORA”. En él se hace especial mención a la Virgen de la Concha, pues por aquellos años recibía culto en la Iglesia de San Antolín, llamada así “… porque lleva una concha en la pureza o delantal.”

            Describe la imagen como “… de hermosa talla en madera y tiene lujosas ropas adornadas con oro y plata, tocándose con una toquilla moderna que bordó primorosamente el comandante de Infantería don Valentín Mireles.” En la reciente exposición celebrada en el Museo Etnográfico de Castilla y León dedicada al 950 aniversario de la Virgen de la Concha en Zamora pudimos observar una toca atribuida a Mireles, denominada “toca de la corona” y que podría ser la que se menciona en el citado artículo. 

La VIrgen de la Concha luciendo la "toca de la corona"
  
Es lógico pensar que una pieza de pequeño tamaño esté bordada íntegramente en canutillo pues además era común en las obras de Mireles emplear este material en la estrecha cenefa que rodeaba las piezas salidas de su “taller”, incluso el motivo decorativo a base de palmas podría recordar otros bordados de la Semana Santa. De esta forma vemos como repite su modelo a base de una gran greca vegetal con una estrecha cenefa, geométrica en este caso, rodeando todo el contorno de la pieza. Además incluye la corona real en el centro flanqueada por dos conchas o veneras en alusión a la advocación de la imagen.


Detalle de os motivos vegetales bordados en canutillo

Detalle de la corona y la concha bordadas

sábado, 27 de abril de 2013

EL BORDADOR OLVIDADO (II). Publicado en la Revista Barandales 2013. Junta Pro Semana Santa. Zamora



El 13 de Abril de 1900, Viernes Santo, la venerada imagen de Nuestra Madre de las Angustias lucía nuevo y valioso manto […][1] en una procesión acompañada por una inmensa concurrencia de fieles […][2]. Hemos de suponer que de nuevo realizara conjunto de manto y saya, sin embargo las fotografías más antiguas conservadas muestran una saya que no se corresponde con la decoración del manto.  De nuevo Mireles borda exclusivamente el contorno del manto a base de una gruesa greca de motivos vegetales rematada con estrecha cenefa también vegetal en este caso. Aunque la composición es de temática vegetal a base de amplios roleos que se entrecruzan alternándose con grandes palmas intercaladas, el esquema es marcadamente geométrico en comparación con el de la Soledad. Intercaladas en estos roleos se muestran grandes flores de la pasión, un motivo recurrente en muchas de sus obras. 





Detalles del manto de Nuestra Madre

Su última obra conocida para la Semana Santa, realizada escasos dos meses antes de su fallecimiento, fue la túnica para el Nazareno de La Caída, expuesta el 30 de Marzo de 1901 en el comercio que los Hijos de Rueda tienen establecido en la calle Renova […] y bordada por las distinguidas señoritas Concha Espejo, Matilde Pérez, Patrocinio Castaño y María Martínez bajo la dirección de Mireles quien la donara a la Congregación.[3] Se trata de una túnica en terciopelo morado bordada en oro de nuevo con una ancha greca de motivos vegetales y rematada en estrecha cenefa exterior a base de hojas y lazos; en este caso Mireles borda igualmente las mangas y el amplio cuello. El bordado de esta túnica, de nuevo todo plano, se desarrolla a base de grandes roleos de hojas que se entrecruzan y alternan con palmas, grandes flores de la pasión y margaritas, extraordinariamente similar al bordado del manto de Nuestra Madre pero de factura más simple, esquemática y menos elaborada. Seguramente, el escaso tiempo transcurrido entre ambas piezas, menos de un año, podría haber hecho que se solaparan en ejecución y que se aprovecharan los diseños de Nuestra Madre, más si cabe las imágenes no iban a coincidir en el mismo desfile. Aun así, Mireles de nuevo consigue un conjunto excepcional empleando los mismos tipos de puntos e hilos, dándole a la imagen del Nazareno un aspecto majestuoso y armonioso al mismo tiempo.

Detalle del bordado de la túnica del Nazareno. La Caída
Estas tres piezas son las que Mireles realizara junto con su “taller” para la Semana Santa, además de una túnica bordada para la Verónica y que no parece conservarse, si bien el Heraldo de Zamora recoge este dato en un artículo de 1940. Sin embargo me gustaría hablar de la túnica del Nazareno del “Cinco de Copas” realizada en 1896 por Petra Custodio, diez años después de que Mireles bordara el manto de la Soledad. Se trata de una túnica en terciopelo morado bordada en oro en todo su contorno, mangas y cuello, repitiendo el esquema de Mireles de bordar una ancha greca de motivos vegetales rematada en estrecha cenefa también vegetal aunque de escaso desarrollo en esta pieza. Además de estas similitudes, los motivos se asemejan mucho a los del manto de la Soledad, a base de grandes hojas de cardo en bordado a realce que se entrecruzan libremente con tallos, hojas, margaritas y flores de la pasión, motivos conocidos del repertorio de Mireles; además combina igualmente el bordado a realce con el de cartulina y el plano. Seguramente, el buen hacer y la bondad reconocida en Valentín por todos sus conciudadanos, hizo que dejara el mérito a Doña Petra Custodio, sin embargo es evidente que el bordado está copiado del de la Virgen tanto en motivos como en técnica, si bien seguramente Mireles asesoró muy directamente a su bordadora a la hora de realizar esta pieza.

Bordado de la manga del Nazareno. Camino del Calvario

El 16 de Mayo de 1901 fallecía Valentín Mireles Deza en su domicilio de la Plaza de los Momos a consecuencia de una apoplejía cerebral[4], sin descendencia y con su hermana como única familia dejando tras de sí inmenso vacío que llenar […][5]. Tanto el Heraldo como el Correo de Zamora recogen extensas notas necrológicas sobre su muerte, acaecida un día después de la de Miguel Torija. En ellas queda patente el cariño que la ciudad le profesaba supo captarse las simpatías de todos, su popularidad era tal, que nadie, […] ignoraba quien era […][6]. Los solemnes funerales se celebraron en San Vicente la mañana del 18 de Mayo, acudiendo el Capitán general de la región Sr. Suárez Valdés y el Gobernador militar de la plaza general Rubalcaba[7], y numerosos zamoranos que acompañaron al cortejo hasta el cementerio de Zamora. Dos meses antes había adquirido dos sepulturas contiguas, la 17 y 18 del cuartel de La Santísima Trinidad, donde descansan sus restos y los de su hermana, olvidados por todos desde hace más de un siglo.


Manuel Jiménez Villarino


BIBLIOGRAFÍA

- CASQUERO FERNÁNDEZ, J. A.: Pasos e imágenes de la Congregación. Cofradía de Jesús Nazareno, Zamora 2009.
Camino del Calvario. La imagen de Jesús Nazareno en la Diócesis de Zamora.
- CASQUERO FERNÁNDEZ, J. A.: Historia de la Cofradía de Jesús Nazareno, vulgo “Congregación”. Diputación de Zamora, 2001.
- Catálogo de la exposición. Cofradía de Jesús Nazareno y Obispado de Zamora. Zamora 2001.
- FERNÁNDEZ de PAZ, E.: Los talleres del bordado de las Cofradías. Editora Nacional, Madrid 1982.
- FERRERO FERRERO, F. Y MARTÍN MÁRQUEZ, A.: Historia de una Devoción. Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias. Zamora 2012.
- DELGADO DE CASTRO, L. F.: “La Soledad. Cien años”. Cofradía de Jesús Nazareno. Zamora, 1986.
- DELGADO DE CASTRO, L. F.: Memoria gráfica de la Congregación. Cofradía de Jesús Nazareno, Zamora  2001.


[1] Heraldo de Zamora. 12/04/1900.
[2] Ibídem.
[3] El Correo de Zamora, 29/03/1901.
[4] Registro Civil de Zamora, Tomo 58, p.175, Nº. 347, Sección 3ª.
[5] El Correo de Zamora, 17/05/1901.
[6] Ibídem.
[7] El Correo de Zamora, 18/05/1901.

viernes, 19 de abril de 2013

EL BORDADOR OLVIDADO (I). Publicado en la Revista Barandales 2013. Junta Pro Semana Santa. Zamora




Sepultura de D. Valentín Mireles Deza. Cementerio San Atilano. Zamora

 
El gran impulso que experimentó la Semana Santa a partir de la segunda mitad del siglo XX dejó en el olvido a muchos de los que la habían llevado al esplendor por la que se la conocía entonces. Mesas doradas de “ojos de buey”, faroles de hojalata y túnicas y mantos bordados a mano se retiraron en pro de una modernidad que no valoraba ya la estética decimonónica ni a sus artífices, muchos de ellos anónimos. Sin embargo Valentín Mireles fue uno de los que dejó vinculado su nombre para siempre a la Semana Santa mediante su pasión por el bordado en oro. Afortunadamente desde hace unos años se han puesto en valor sus obras conservadas, restaurándose y empleándose de nuevo en los desfiles procesionales.

Valentín Mireles Deza, hijo de Pedro Mireles y Ángela Deza, nace en al año 1833 en la localidad vallisoletana de Mota del Marqués, a escasos 25 Km. de la ciudad de Toro[1]. Desarrolló la carrera militar llegando a alcanzar la categoría de Comandante de Caballería y fue condecorado con varias cruces. Debió de establecerse en Zamora a muy temprana edad pues se le tuvo y consideró siempre como hijo de esta Ciudad […][2] donde  era respetado y querido por todos, especialmente por los niños que, a menudo, se le acercaban pidiéndole que les enseñara la onza, una moneda de oro con la efigie de Carlos III que siempre llevaba en uno de los bolsillos de su chaleco, fingiendo sorpresa como halago a su poseedor para así recibir algunos caramelos que también solía llevar el bueno de Mireles[3].

Desde muy joven se interesó por el mundo del bordado en oro aunque no se sabe de dónde le pudo venir la afición o dónde pudo adquirir los conocimientos para desarrollar tal compleja tarea en la que adquirió una destreza admirable que queda patente en sus numerosas y excelentes obras conservadas en la ciudad, […] ni el oro ni la plata ni la seda tenían secretos para él en cuanto se refiere a su aplicación en el bordado.[4] La importancia y calidad de sus trabajos queda de manifiesto en las crónicas de la visita que realizara Alfonso XII a la ciudad de Zamora en Septiembre de 1877 donde el Rey empleó un gran espacio de tiempo en esta visita,[…][5] recorriendo detenidamente las distintas estancias del Hospicio, hoy Parador de Turismo, donde le llamó especialmente la atención las prendas expuestas en la ropería, casullas y capas pluviales así como paños de distintos regimientos militares realizadas por las acogidas del Establecimiento […] [6] bajo la dirección de Mireles. Y es que parece ser que Mireles instruyó a las niñas acogidas en el Hospicio en el arte del bordado en oro y también a las señoritas de la buena sociedad zamorana, estableciendo una academia de bordado en la ciudad[7], donde se materializaron lo que debieron ser sus diseños y a las que suponemos debió de enseñar la técnica del bordado con hilo de oro, dedicándose a controlar y supervisar los trabajos, pues además su interés no era para nada lucrativo ya que donaba sus obras cobrando, en ocasiones, sólo el material empleado, 194 pesetas en el caso del manto de la Soledad.[8]

La grandeza de Mireles en lo que se refiere al bordado consiste en lograr piezas de gran calidad con una reducida cantidad de tipos de hilos de oro y los puntos más sencillos. A diferencia de cómo se hace en la actualidad, Mireles siempre bordó directamente sobre el terciopelo mezclando técnica plana y a realce, es decir, relleno de algodón para así proporcionar volumen a la pieza, y cartulina lisa, denominada así por tener el alma del dibujo en cartulina cubierta con hilo de oro de extremo a extremo. En el caso del bordado en oro, los hilos no atraviesan la tela para formar los dibujos sino que se van extendiendo sobre la superficie previamente tensada, y se van fijando mediante puntadas con hilo de seda amarillo para así fijar el de oro de forma invisible; la manera de disponer las puntadas o pasadas determinará el tipo de punto empleado. Mireles empleó fundamentalmente dos de estos puntos, el cetillo y la media onda tanto en técnica plana como a realce. La gran vistosidad de estas piezas se debe en parte a la acertada mezcla de estas tres técnicas de bordado.

Detalle de la mezcla de técnicas en el manto de Nuestra Madre


Mireles empleaba hilos de oro torzal, muestra, moteado, brizcado y liso. El hilo de oro en realidad se trata de un hilo de seda sobre el que se enrolla una lámina muy fina de plata con un baño de oro de 24 kt., denominado oro fino. El hilo más sencillo es el liso o camaraña a partir del cual se tejen el resto de tipos dotándolos de distintos grosores, brillos y formas que determinarán el uso dentro del bordado. Además empleó hojilla, canutillo y lentejuelas, éstos si fabricados exclusivamente en plata dorada. Característico en sus obras es el empleo del canutillo de oro en las estrechas grecas que enmarcan todas sus piezas y las lentejuelas en los nervios de los motivos vegetales.

Sorprende el hecho de que fuese ya una persona con renombre en la ciudad cuando Alfonso XII la visitara en 1877 y que no fuera hasta 1886 cuando realizara lo que parece ser su primer trabajo para la Semana Santa salido de su “taller”, el manto y saya que donara para la nueva imagen de la Soledad de la Congregación que Ramón Álvarez entregara ese mismo año y con él que seguramente debió de tratar para confeccionar las ropas en la medida adecuada. Se trata de un manto bordado profusamente en su contorno con motivos vegetales aparentemente caóticos pero con estudiado orden y simetría compuestos a base de grandes hojas de cardo que se entrelazan con tallos, hojas y flores, rematado con una estrecha cenefa exterior geométrica y que Mireles repite en todas sus obras con distintos motivos decorativos. La saya a juego se decora en los pies añadiéndose, en el centro de la composición, la corona con los tres clavos. Empleó aquí el bordado a realce en cardos y flores, el liso en las hojas y el de cartulina en los tallos, además del canutillo en la cenefa exterior y las lentejuelas para los nervios.

Postal antigua. Librería Religiosa de Jacinto González



[1] Registro Civil de Zamora, Tomo 58, p.175, Nº. 347, Sección 3ª.
[2] El Correo de Zamora, 17/05/1901.
[3] El Correo de Zamora, 10/06/1953.
[4] El Correo de Zamora, 10/04/1943.
[5] El Correo de Zamora, 27/05/1946.
[6]Ibídem.
[7] El Correo de Zamora, 10/04/1943.
[8] DELGADO DE CASTRO, L. F.: “La Soledad. Cien años”. Cofradía de Jesús Nazareno. Zamora, 1986.

domingo, 3 de marzo de 2013

Bordado de cartulina



El bordado de cartulina recibe este nombre precisamente porque el alma del motivo a bordar se realiza con cartón o cartulina de más o menos grosor y dureza, siendo uno de los más frágiles y que antes se deteriora debido al contraste de movimiento entre una superficie totalmente flexible como el terciopelo y otra prácticamente rígida como el cartón.

Nazareno de San Frontis con túnica bordada íntegramente con la técnica de la cartulina. Foto Gullón. 1943.
Detalle del bordado.

 Este tipo de bordado consiste en cubrir con hilo de oro el motivo decorativo recortado en cartulina o cartón, apuntando el hilo solamente en el contorno, de extremo a extremo, sin puntadas en el interior de la figura, dejando así superficies planas. Esta técnica no permite cubrir grandes superficies ya que el hilo quedaría demasiado suelto por lo que se suele combinar con otras técnicas o bien los motivos decorativos que se desarrollan son siempre de estrecho formato.


Detalle del manto de Nuestra Madre de 1900. Palma bordada en cartulina.




Detalle del bordado en cartulina del sudario de la cruz de Nuestra Madre.



Toca de la Virgen de la Concha bordada toda en cartulina.











viernes, 16 de noviembre de 2012

La Dolorosa de San Frontis.



             Desde hace unos meses se encuentra de nuevo al culto una antigua y menuda imagen de la dolorosa en la Iglesia de San Frontis, colocada al lado del Nazareno, parece ser que le acompañaba en la procesión que organizaba la antigua cofradía del Señor y la Cruz, y que ha sido rescatada del olvido de un trastero al que fue relegada, afortunadamente podemos volver a contemplarla vestida con un interesante conjunto de saya y manto. Podéis leer sobre la imagen en este enlace del blog "ciriosytroyanos": http://ciriosytroyanos.blogspot.com.es/2012/09/la-dolorosa-que-lloraba-tras-el.html


           El bordado de la saya muestra un motivo simétrico de temática vegetal a base de un gran florón central del que salen ramas con hojarascas. Sobre él una gran corona de espinas rodea un corazón atravesado por una espada y acompañado por la lanza de Longinos y los tres clavos. Está íntegramente bordado en canutillo de oro excepto el gran corazón central, y adornado con lentejuelas planas y de huevecillo, así como algunos vidrios blancos. Está rematada con un encaje de concha de hojilla de oro. Se encuentra en muy buen estado de conservación, conservando el oro un brillo y color muy destacable para la antigüedad del bordado lo que me lleva a pensar que esta pieza se reservara para ocasiones especiales como la procesión. A pesar de la vistosidad, se trata de un bordado de factura muy sencilla y composición muy simple y que recuerda, en sus motivos, a los bordados que lucían las imágenes de la Escuela de Gerona.

Bordado de la saya

          El manto, sin embargo, no está bordado, pero si decorado de tal forma que su vistosidad es destacable. Se trata de una decoración a base de un hilo conformado por una hojilla de oro enrollada sobre un alma de algodón dorado entrelazándose con otro hilo de oro mas fino que sobresale en forma de hembrillas para así fijar el hilo a la tela dándole la forma del dibujo deseado. En este caso se ha cosido creando grandes roleos que rodean todo el contorno del manto, rematado con sendas cenefas de pasamanería de hilo de oro. Esta técnica se supone más barata y rápida que el bordado pues sólo hay que fijar el hilo a la tela con la forma deseada, pudiendo crear motivos muy vistosos. Este tipo de hilo fue muy empleado a finales del XIX y principios del XX como remate de túnicas y mantos como podemos ver aun hoy en la túnica que La Magdalena del Santo Entierro luce en el Museo, o en las faldillas de la Urna o la Virgen de los Clavos.

Pasamanería aplicada en el manto

              Es destacable la diferencia de trabajo y calidad en ambas piezas, siendo extraño que se elabore un gran bordado para la saya y el manto se limite a una decoración más simple, quizás el factor económico es el determinante, o bien se trate de dos piezas que pertenecían a dos conjuntos distintos, uno bordado destinado a la procesión, y otro más sencillo y económico para vestir a diario.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Los bordados de la Virgen de la Concha



Con la reciente conmemoración de la Natividad de la Virgen el pasado 8 de Septiembre, y la celebración de los actos en honor de la Virgen de la Concha, la imagen ha lucido un aspecto renovado, pero a la vez clásico, al que nos está acostumbrando la nueva Junta Directiva y que está poniendo de nuevo en valor distintas piezas que forman parte del extenso ajuar de la Virgen y que habían quedado en el olvido, especialmente algunas de ellas bordadas.

La Virgen de la Concha el pasado 9 de Septiembre
 
            El sábado por la tarde, a última hora, en San Antolín, y gracias a la amabilidad de Víctor López, pude observar con más detenimiento los bordados que lucía la imagen. Según me dijeron, el conjunto de saya y corpiño que estrenaba lo hacía con motivo del 950 aniversario, y había sido realizado en seda de color crudo para imitar el color de la seda del bordado antiguo que llevaba sobre la saya. Este bordado debía pertenecer a la Virgen pero nunca lo había lucido. Se trata de una franja cuyo origen, hechura o datación no está definida, si bien parecen ser motivos propios de finales del siglo XIX, con tres grandes círculos trilobulados en el interior, que enmarcan motivos vegetales y florales que pueden recordar a otras piezas de factura zamorana. Un estudio más profundo de los tipos de hilos y las técnicas empleadas en su hechura podría determinar su origen local o foráneo, así como si se trata de una obra completa, una parte de un todo, una capa pluvial por ejemplo, o una muestra de taller.

Pieza bordada sobre la saya
 
            Sin embargo, lo que más llama la atención es la toca, denominada “toca de la corona” por el gran volumen que alcanza este motivo en la pieza. La imagen la ha lucido en contadas ocasiones en los últimos años a pesar de ser una obra de gran vistosidad. Se trata de una pieza decorada con una greca de motivos vegetales que se repite a lo largo de todo el contorno, flores y palmas, dejando en el centro del campo el anagrama de María, de perfil también vegetal, y la mencionada Corona Real, de exagerado volumen y acertado realismo. Por lo que pude ver, la greca del contorno está íntegramente bordada en canutillo (el grado de oxidación no me permitió ver si se trataba de canutillo de oro o plata) rematado con hilos dorados entorchados y lentejuelas que aportan ligereza y movimiento, un trabajo propio de piezas pequeñas y muy común en las labores conventuales de los siglos XVIII y XIX, de factura fácil y esquema sencillo, aunque con grandes dotes de virtuosismo conseguido con poca variedad de materiales. Se acompaña además con dos conchas bordadas, en clara alusión a la imagen titular, y varias estrellas que salpican el campo de la toca.

" Toca de la Corona"

miércoles, 15 de agosto de 2012

Los bordados en oro de la Virgen del Tránsito


Aprovechando la celebración de la Asunción de la Virgen y, por lo tanto, de la Virgen del Tránsito del Convento del Corpus Cristi de Zamora, es obligado comentar una de las más importantes piezas del bordado con hilo de oro en la ciudad.

            El año pasado, aprovechando la salida extraordinaria en procesión de la Virgen del Tránsito, pudimos admirar en toda su belleza el conjunto de saya y manto bordado en oro sobre seda color crudo que lució durante todo el novenario y el recorrido de la procesión, siendo esta pieza quizás la de mayor calidad que posee en su extenso ajuar. El bordado, tanto de la túnica como del manto, se ha venido atribuyendo a Valentín Mireles, personaje zamorano de finales del siglo XIX y principios del XX siendo su persona y trabajo aun desconocido. Aunque aparece citado en artículos de prensa de la época como autor de los bordados, no está totalmente claro si era él mismo quien realizaba el trabajo o bien el que lo diseñaba y dirigía; sin duda debió de contar con un pequeño taller que le permitiera sacar adelante obras de gran tamaño y calidad como la que nos ocupa así como el manto de Nuestra Madre, el de la Soledad, o la túnica del Nazareno de “La Caída”, entre otros muchos ejemplos.

La Virgen del Tránsito en el Carro Triunfal. Agosto de 2011.
  
             El manto de la Virgen del Tránsito sigue unos patrones que se repiten, en mayor o menor diferencia, en el resto de piezas de la producción de Mireles. La decoración bordada se reduce al contorno del manto, en este caso concreto a las “vistas”, a modo de greca o cenefa, repetida en las mangas de la túnica y en los pies de la misma. Normalmente, la greca se compone de dos partes, una tira delgada que recorre el contorno más externo de la tela, de decoración normalmente geométrica aunque con algún motivo de tipo vegetal y de composición muy simple; mientras que la segunda parte sería la de mayor tamaño, decoración, desarrollo y complejidad, siempre de carácter vegetal a base, normalmente, de roleos vegetales que culminan con grandes flores; el resto del campo del manto se dejaba sin decorar, más aún en este caso donde no se encuentra a la vista. Unas estrellas salpican el campo inferior de la túnica mientras que similares motivos vegetales cubren el pecho de la misma.

Detalle de los bordados



Detalle de los bordados
















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